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Cómo el cuerpo me ayuda a descubrir mis emociones

El cuerpo, la mente y las emociones están relacionadas formando parte de un todo: cuando uno habla el otro reacciona. Las emociones sirven para responder a las situaciones cambiantes que experimentamos en nuestro entorno. Nos ayudan a defendernos, nos alertan de diferentes peligros o nos permiten disfrutar de los momentos especiales.



Por ejemplo, si ves un coche que lleva mucha velocidad y tú estás a punto de cruzar el paso peatonal, lo normal es que en ese momento te apartes. Es un acto que realizas de manera automática, pues tu cerebro ha interpretado que había un peligro y envía la señal de tal forma que sientes miedo o te sientes alerta, por lo tanto, una vez más, tu cuerpo ha cumplido su cometido: protegerte.


“Las emociones son reacciones automáticas que nos ayudan a sobrevivir en nuestro entorno.”

Según los investigadores de la universidad Aalto de Finlandia, las emociones se forman en nuestro cuerpo a través de mecanismos biológicos liberando en nuestro cerebro diferentes neurotransmisores que se transforman en sensaciones corporales. De esta manera, la mente y el cuerpo se unen para formar una emoción que nos permite reaccionar ante cualquier situación.


¿Cómo influyen las emociones en tu cuerpo?


Existen numerosas investigaciones científicas que avalan la influencia de las emociones en el dolor y el cuerpo, así como su estrecha y constante relación. De hecho, se ha demostrado que se activan áreas del cerebro similares cuando experimentamos un dolor físico y un dolor emocional.


Por ejemplo, si no gestionas un enojo o el estrés de tu trabajo, esto puede generarte, en ocasiones, una contractura o tensión en la mandíbula. Las emociones que no se expresan se quedan incrustadas en tu cuerpo esperando que las dejes salir. Cuando no pueden manifestarse, intentan expresarse de algún modo, y terminan haciéndolo en forma de tensiones o malestares físicos.


"El cuerpo es un mapa que nos ayuda a saber qué estamos sintiendo."

Seguro que alguna vez has notado un nudo en la garganta cuando evitaste decir algo, o has sentido un dolor de estómago al enfrentarte a una situación que te preocupara o te diera miedo. Estas son señales que te da el cuerpo para expresar tus emociones.


El poder identificar cómo responde nuestro cuerpo a las diferentes emociones nos ayuda a poder liberarlas con mayor facilidad y a prevenir y evitar desde molestas contracturas y tensiones hasta una úlcera de estómago.


Escucha los mensajes de tu cuerpo


Las emociones gritan cuando no las escuchamos y se transforman en dolor físico. Aunque las intentemos ignorar, las sensaciones físicas siguen ahí, por lo que, entre menos atención les prestemos, se expresarán con mayor intensidad.


Muchas veces intentamos tapar estos dolores o sensaciones con pastillas que momentáneamente nos alivian el dolor. Sin embargo, no atacan al problema de raíz, en cambio solo le ponemos un curita a una herida que no está curada, porque las emociones siguen sin poder expresarse adecuadamente. ¿No sería mejor que pudiéramos atender el mensaje emocional que nos quieren transmitir estas sensaciones corporales?



Imagina a Roberto. Es un joven de 30 años cuyo trabajo le exige trabajar 15 horas diarias, y tiene tanto estrés que se levanta con contracturas en el cuello cada día. Aun así, se pregunta por qué le duele todo el tiempo el cuello, la espalda y la cabeza, por lo que decide tomar un relajante muscular y sigue trabajando. Seguramente, el mensaje que le está transmitiendo su cuerpo es que necesita rebajar el ritmo de trabajo y tomarse descansos. ¿Te sientes identificado?


Cada emoción va ligada a diferentes sensaciones físicas en el cuerpo. Presta atención a tus dolores físicos para ver qué necesidades tiene tu cuerpo. Si aprendes a gestionar tus emociones, vas a estar mucho mejor también a nivel físico.


¿Dónde se acumulan las emociones en el cuerpo?


Nuestro cuerpo, como parte integrante de nuestro ser, localiza físicamente las emociones en diferentes lugares.


A continuación, profundizaremos en las sensaciones físicas que suelen generar las cuatro emociones básicas. Además, también te daremos tips de cómo gestionar las emociones para que no terminen en dolores físicos intensos, recordándote que para darle un seguimiento puntual a tus sensaciones, es necesario consultar a un profesional de la salud.

  • Miedo

Es una emoción que nos avisa de posibles peligros y nos ayuda a anticiparnos y protegernos de una posible amenaza. A nivel físico, el miedo se expresa con dolor de estómago, tensión corporal, el corazón se acelera, se presenta sudoración, presión en el pecho, diarrea, cambios de apetito, insomnio entre otros.


Todos estos síntomas, no son exclusivos del miedo, pero sí pueden estar presentes en esta emoción que a veces nos resulta tan limitante.


Si sientes, alguna de estas sensaciones corporales, puedes revisar si es miedo u otra la emoción que estás sintiendo. Para poder gestionar el miedo, lo mejor es que, en vez de evitarlo, trates de afrontarlo tal y como viene. Por ejemplo, si tienes que hacer una presentación en público, puedes practicar técnicas de respiración y relajación que te ayuden a gestionar tu miedo.

  • Enojo

El enojo es la emoción que nos ayuda a pasar a la acción y a defender nuestros derechos cuando sentimos que se ha cometido una injusticia. Entre los síntomas físicos más comunes se encuentran: tensión corporal, aceleración de la respiración, tensión de la mandíbula, subida de la temperatura corporal, dolores de cabeza, etc.


Estas sensaciones físicas nos pueden indicar que estamos frustrados y es necesario que aprendamos a gestionar esta emoción de forma asertiva, ya que muchas veces puede estar reprimida. En lugar de callar tu emoción, podrías esperar hasta estar más calmado y explicar cómo te sientes.

  • Alegría

Esta emoción nos ayuda a establecer vínculos para poder socializar y compartir nuestra felicidad con los demás. La alegría tiene unos síntomas físicos que son fácilmente reconocibles: sonrisa facial, expansión del pecho, risa, apertura corporal, etc. Hay personas que tienen dificultad para sentir esta emoción agradable y no saben identificarla.


Darnos permiso para disfrutar de los placeres de la vida también es sano para nuestro cuerpo y bienestar psicológico. Por ejemplo, puedes gozar de un buen día en la playa, aunque no estés pasando una buena época, o alegrarte con tu película o actividad favorita.

  • Tristeza

Es una emoción que nos ayuda a afrontar las pérdidas y los duelos. Nos recoge hacia adentro y nos hace reflexionar sobre el pasado, y sobre cómo fueron las cosas. A nivel físico se expresa con lágrimas, sollozos, presión en el pecho, respiración entrecortada, poco apetito, etc. Sensaciones que todos en algún momento dado podemos haber experimentado.


Si la tristeza no se expresa puede convertirse en un peso insoportable de llevar en nuestro cuerpo. Por ejemplo, si no has llorado la muerte de un ser querido, ni has podido compartir tu dolor con nadie, la tristeza puede aparecer en forma de dolores de espalda o en alguna otra parte de tu cuerpo. Habla sobre tus emociones con tus familiares o seres queridos, y recuerda que también es normal pedir ayuda y acudir con un profesional de la salud mental.


El mapa corporal de las emociones es universal pero la expresión varía según la cultura.


Sentir mariposas en el estómago cuando estamos enamorados no es algo cultural, puesto que todos sentimos las emociones en las mismas partes del cuerpo. No importa en qué cultura hayamos crecido, pues el sentir emocional es universal para todo el mundo.


Lo que que cambia es la forma en que expresamos las emociones. En la expresión emocional sí que influye la cultura donde hemos nacido y de la que formamos parte. También interviene la personalidad y el contexto en el que hayamos crecido.


Desde muy pequeños, la educación que recibimos en nuestras familias, la sociedad que nos rodea y la cultura en la que vivimos inmersos, nos va dando pautas de cómo dar salida a las diferentes emociones. Dichas pautas, a menudo no son las más saludables para nuestro cuerpo y para nuestra mente y nos encontramos con que no sabemos muy bien cómo manejar esas sensaciones que continuamente brotan de nuestro interior.


Tu cuerpo es sabio y sabe lo que necesitas


Si manejamos nuestras emociones de una forma sana, podremos escuchar y entender el mensaje que nos envía nuestro cuerpo. De esta manera, podremos identificar las emociones asociadas a los síntomas físicos y aprenderemos a gestionarlas para que no se conviertan en dolores físicos insoportables.


Piensa que tu cuerpo te ayuda a conocerte mejor si aprendes a interpretar sus mensajes emocionales ocultos y le das lo que necesita (descanso, atención, ejercicio, etc.).


Solo hace falta abrir la mirada a tu parte física para que esta sea una parte importante de tu vida. Tu cuerpo es sabio y sabe lo que necesitas. Si cuidas a tu cuerpo también cuidas de tus emociones. Recuerda que con tu cuerpo vas a convivir toda la vida, por tanto, vale la pena prestarle más atención y cuidado. Así, no solo mejorarás tu inteligencia emocional. sino también tu consciencia corporal.

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